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¡Bombazo de Dulce: “Sufrí acoso sexual” de un famoso que actualmente está en la cárcel

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¡Bombazo de Dulce: “Sufrí acoso sexual por parte de Julián Muñoz”!

Dulce Lapiedra ha vuelto de la isla de ‘Supervivientes’ con muchas ganas de contarlo todo y no dejar títere con cabeza. La antigua empleada de Isabel Pantoja carga en una entrevista en la revista ‘Lecturas’ contra la expareja de la tonadillera, Julián Muñoz, actualmente en prisión, al que acusa de acoso sexual. La exniñera de Chabelita y Kiko Rivera confesó que desde entonces está en tratamientos psiquiátrico porque no lo ha superado.

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Aquí puedes leer parte de la entrevista de Dulce para ‘Lecturas’. 

“No tuve una relación con Julián Muñoz. Es mucho más doloroso de lo que la gente se piensa. Esta persona está mal, pero yo lo estoy pasando peor y necesito contar mi verdad. Ocurrió en Marbella. Esta persona comenzó a acosarme sexualmente a diario. Isabel no estaba y él utilizaba el poder para que yo cediera. Quería obligarme, me pedía que subiera a su habitación y yo tenía que desaparecer de la casa. Nunca lo consiguió”.

“Yo no quería ir a Marbella [a pesar de que ella me prometió comprarme una casa si iba]. Le dije a Isabel que esa persona no me gustaba. No estaba cómoda y mucho menos con esa situación. Le pedía respeto por Isabel siempre que se acercaba, pero se lo saltaba a la torera. Tuve que desconectar el teléfono de mi habitación para evitar mayores. Tenía que haber actuado, pero por evitar un escándalo mayor me lo callé. Lo último que hubiera hecho en mi vida es ceder a sus pretensiones. Sufrí mucho, era muy doloroso tener que callarme; estaba sola y nadie lo sabía. Desde entonces estoy en tratamiento psiquiátrico, la situación era insostenible”.

“No sé si eso le pasó a más mujeres de la casa. Su hermana me dijo una vez que [Julián Muñoz] era muy putero”.

“Agustín echó a todas las personas que tenía en mente. Conmigo no lo consiguió, me fui porque estaba de baja, no podía estar allí enferma. No tenía apoyo de nadie. Después de haberme entregado durante tantos años, no recibí lo mismo, me sentía muy mal y abandoné”.

“Isabel Pantoja no admitía que yo estuviera enferma y me hubiera roto; no le dio la mínima importancia, no se preocupaba. Ni me veía, ni me preguntaba y yo sufría aislada (…) No recibía cuidados ni cariño. No merecía este trato. Isabel jamás habría reaccionado así sin su hermano, pero ocurrió y es lo penoso”.

“No le dije a Isabel que me iba. Quise hablar con ella pero no pude, porque ella no quiso. Ya tenían planificado cómo echarme de allí. Al fallarme la espalda ya del todo, no les servía y no tuve el apoyo de nadie. Estaba muy mal, marginada, enferma y sola. Sufrí mucho”.

“Isabel me quería y quería que envejeciese a su lado, pero las cosas se pusieron feas por su hermano, malmetió mucho a su hermana en mi contra. El machaque era a diario y prohibiéndome todo tipo de cosas. Isabel actuaba con mucha frialdad, consentía que no pudiera llevar a mi niña [Chabelita] al colegio”.

“Al irme de Cantora le escribí una carta a Isabel. El mismo día me llamó, me vio su hermano salir de casa y la despertó. Fue horrible (…) Me llamó envenenada, fue terrible. Ella había planificado cómo echarme de Cantora a su manera, la decisión la habría querido tomar Isabel, y fue muy cruel. [Agustín] no consintió que me acercara a hablar con ella (…) [Después de todo lo que me dijo] no le respondí, me daba vergüenza porque iba en un taxi. Le dije que me parecía todo muy fuerte, que no era normal que me hablara así y colgué porque gritaba.

“No guardo rencor a Isabel, son muchísimos años (…) Volví a Cantora [durante el embarazo de Chabelita], ella cambió de actitud y ya se preocupaba por mi espalda y todo (…) Necesitaba una explicación, pero ella no estaba por la labor de arreglar lo ocurrido, no profundizamos (…) Fue bastante duro, aguanté muchos desprecios por mi niña”.

“Le retiré definitivamente la palabra a Agustín Pantoja cuando un día, como tantos otros, actuó para beneficiarse. Salimos de un concierto de su hermana a las tantas de la madrugada. Él tenía su coche aparcado y escondido, con la luna trasera destrozada. No quería que Isabel lo viera para que no le pegase la bronca por haberlo destrozado. Entonces, esa noche quiso cambiarme el coche: que yo cogiera su coche y lo llevara a casa y él el mío. Esa noche, justo, yo llevaba a mi niña con otra amiguita. Le dije que no se lo iba a cambiar, pero a él no le importó la seguridad de su sobrina. Se puso como una fiera y lo tuve que hacer. Me dijeron que me iba a enterar si se lo decía a Isabel. Si ella lo hubiera sabido, los mata. A partir de ahí, esa persona [Agustín] no existe para mí”.